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Durante mucho tiempo me rondó en la cabeza la idea de hacer
la música para una comedia musical (como dirían algunos
amigos por lo cabezón que soy: Y... la pobre andaría
perdida...) El asunto es que una mañana, creo que en el ´97,
me desperté pensando en “La Nona” de Roberto
“Tito” Cossa. Tuve toda la sensación de haber
dado en el clavo porque considero a “La Nona” un maravilloso
ejemplo del grotesco argentino, “porteño” y universal,
gracioso y terrible, en fin, ideal para convertirlo en comedia musical.
Tito recibió la idea con agrado pero me pidió que
hiciera con otro la adaptación porque él no podía
tomar suficiente distancia del texto original. Después de
barajar muchos nombres (entre los que propuse a Marcos Mundstock)
la elección recayó en Eduardo Rovner. A pesar del
eco que encontramos en algunas posibles figuras para el elenco (Jairo,
Juan Dartés, Ulises Dumont) nunca pudimos despertar real
entusiasmo en ningún productor más allá del
bla bla bla (Marcelo Krass un especialista en la categoría...)
Después de mucho caminar y golpear puertas conseguimos
un acuerdo de coproducción con el Teatro San Martín
para hacerlo en el Teatro Alvear. De las ideas originales acerca
del elenco no quedó casi nada, con excepción de Hugo
Arana, que hizo una Nona muy buena. Del resto no abro juicio sobre
la parte actoral, pero la parte musical era muy floja. Sí
quiero destacar especialmente los arreglos de Gerardo Gardelín,
que me parecieron excepcionales. La dirección iba a estar
en principio a cargo de Hugo Midón pero después quedó
en manos de Claudio Hochman. Honestamente, creo que Hochman le erró
de medio a medio haciendo una farsa en lugar de un grotesco y articulando
la música de maneras más que discutibles. El premio
se lo llevó la escena en que Carmelo cantaba una milonga
surera y Hochman lo hacía bailar con María una milonga
porteña... Previsiblemente, el público fue escaso
y la obra bajó de cartel sin pena ni gloria. De vez en cuando
vuelvo a oir las canciones, me vuelven las imágenes originales
y me sigue gustando... Queda en el rincón de los sueños
incumplidos. |
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