(Gershwin, el hombre que amamos)
Volados…
Cuando comenzaron los preparativos para estrenar “Gershwin,
el hombre que amamos” en el Teatro Avenida, hubo mucha resonancia
en los medios y quince días antes el diario La Nación
pidió que hiciéramos una foto en el teatro para publicar
en la pá gina
central de la revista del domingo.
Y fue toda una producción porque el escenario debía
verse tal cual iría en el espectáculo, con los dos
pianos, la orquesta y “tutti gli fiocchi”. En los días
previos a la movida se me ocurrió que sería bueno
poner algo para tocar en los atriles en lugar de que los músicos
fingieran estar tocando y, aunque fuera una simple lectura y no
un ensayo riguroso, serviría para que se nos viera más
distendidos y naturales. Y llegó la mañana en cuestión
pero claro, no podía salir todo derecho y alguien se quedó
dormido, y hubo que poner a un percusionista en una posición
que no era de él para que no se viera el hueco y poder empezar
a sacar fotos. Por supuesto que la situación, un poco tensa
al principio, vino bien para empezar con las bromas y se llegó
al clima esperado. El tema que llevé fue “The man I
love” y después de los primeros aprontes pedí
que hiciéramos una lectura como si fuera un ensayo. Comenzó
la introducción con el poco conocido “verse”
y cuando giré a mi derecha para darle la entrada a Baby,
lo encontré mirando y oyendo la orquesta totalmente absorto
y con cara de felicidad, pero por supuesto sin haber entrado donde
debía. Más bromas... Ocurre que ni Baby ni Jorge habían
tenido oportunidad de tocar con orquesta sinfónica y con
mucha razón se había “volado”. Retomamos
y en el lugar indicado Baby entró y comenzó a regalarnos
la musicalidad y la belleza que era su sello. Yo lo escuchaba, mirándolo
y disfrutando, y cuando volví a girar hacia la orquesta para
dar la entrada al siguiente pasaje fueron todos los músicos
de la orquesta los que estaban totalmente absortos y con cara de
felicidad, pero por supuesto sin haber entrado donde debían.
Había sido el turno de ellos, que no habían tenido
la oportunidad de tocar con Baby (o con Jorge) y con mucha, muchísima
razón se habían “volado”.
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