El estreno de Molloy
Después de la experiencia con el “Sexteto para cuerdas” que
compuse en 1978 y fue estrenado en el Festival de Música
Contemporánea de Santiago de Chile, gracias al apoyo de
los organizadores, mis amigos Fernando Rosas y Adolfo Flores, me
embarqué en la composición de un poema sinfónico
sobre textos de Beckett. Me dió un trabajo... Pero conté con
la ayuda y el empuje de una querida amiga, Saritela Castellvi,
viola de la Filarmónica de Buenos Aires, y en gran parte
gracias a ella terminé la obra, no casualmente, para orquesta
y viola obligada, a principios de 1980. Una vez prolijada la partitura
le presenté “Molloy” al Maestro Pedro Ignacio
Calderón, por entonces titular de la Filarmónica,
quien la recibió con agrado y aceptó incluirla en
la temporada del Teatro Colón. Una vez más el entusiasmo
de Saritela y también el de Haydée Francia (concertino
de la orquesta, que para mí será siempre Heidi Seibert)
fueron importantes para que el asunto se concretara y el estreno
se decidió para fines de septiembre en un programa que incluía
el concierto para cello de Schumann, con un solista israelí,
y la 7a. Sinfonía de Shostakovich. Los nervios de imaginar,
la preparación de las partes, las revisaciones finales,
etc. y por fin llegó el día del comienzo de los ensayos.
Calderón no solamente abordó la obra con toda la
consideración y seriedad imaginable sino que además
me mostró como desde el podio se podía mejorar y
ajustar la escritura original, como el mejor de los sastres que
con tres o cuatro toques en los lugares precisos hace que la prenda
luzca sin una arruga. En medio de toda esta excitación,
un día me di cuenta que en las carteleras del Teatro Colón
estaba los afiches anunciando el concierto! Y mi nombre estaba
ahí!! Y compartía “el cartel” con Schumann
y Shostakovich!!! La mañana del concierto entré muy
emocionado a la oficina de prensa del Teatro y le pedí a
la señora que me atendió que me diera unos afiches.
Ante su silencio y su clásica mirada de funcionario público
le aclaré “Hoy se toca una obra mía en el concierto...” Asintió con
un también clásico e impersonal “Hmmmm”,
fue hacia un costado donde había una pila de afiches sobre
una mesa y apenas girando la cabeza preguntó “Y usted
quien es?...” Después de contestar, los siguientes
minutos los empleé en sostener mi mejor “cara de piedra”,
envolver los afiches y no hacerme pis de la risa, y una vez fuera
del teatro y desde entonces, no dejé de lamentarme por haber
perdido la oportunidad de contestar “Robert Schumann”...
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