(La Banda Elástica)Flores negras
Estábamos en nuestra primera temporada en Mar del Plata,
Teatro Estrellas, y era un disfrute, de día playa, fulbito
y mar, y a la noche la sala siempre llena y nosotros tocando “con
todo” y divirtiéndonos de lo lindo. En el repertorio
figuraba una hermosísima versión de “Flores
negras” que hacían Enrique Varela en saxo soprano y
Jorge Navarro en piano, y una prueba más de su enorme talento
fue que dos jazzeros de alma como Enrique y Jorge tomaran esa música
con tanto respeto y delicadeza, fieles como el que más a
todas las sutilezas armónicas y melódicas de ese memorable
tango de Francisco De Caro (afortunadamente, esa versión
quedó grabada).
La sala era como un anfiteatro algo irregular, en el que se entraba
por un costado más o menos a la mitad de la altura y en donde
se producía una especie de rellano. Pasados los primeros
días de estreno y ajuste, todas las funciones me iba al rellano
a escuchar “Flores negras” desde la sala y una noche
de fines enero, después de llegar a “mi lugarcito”
semioculto del público, descubrí la figura de una
nena de no más de cinco o seis años que en la penumbra
y sin que nadie la viera bailaba lo que Enrique y Jorge estaban
tocando. Me quedé inmóvil y sin hacer el más
mínimo ruido, disfrutando de la magia de aquella nena que
se movía con una gracia y una ternura inigualables. Cuando
volví al escenario y me tocó hablar, conté
lo que había visto y dije algo así como “No
sé que ocurrirá con la Banda, si durará mucho
o poco, pero en cualquier caso si logramos hacer bailar a esa nena
en la penumbra y por el puro placer de hacerlo, yo ya estoy pagado...”
Debo decir que a pesar de los muchos años de escenario, lo
dije con un nudo en la garganta y por cierto vi más de un
brillito en lo ojos de espectadores de las primeras filas...
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