Catástrofe
Contada por Ricardo Lew. Una cantante de condiciones digamos cuestionables pero con dinero
suficiente como para no fijarse en gastos decidió hacer un
recital nada menos que en el Teatro Opera de Buenos Aires. A través
de los productores del magno evento armó una banda con los
mejores y más experimentados músicos del ambiente
y por supuesto en esa banda no podía faltar Ricardo Lew.
Y en los ensayos no podían faltar las dos cosas que ese tipo
de ocasiones garantiza: una gran seriedad profesional para dar el
mejor marco posible, aun muy por encima de quien circunstancialmente
haga de “protagonista”, y una enorme capacidad humorística,
porque es un clásico del “ambiente”, en todas
partes del mundo, y seguramente porque es una buena manera de bancar
una situación musical no muy grata. Pero hay que decir que
se portaron muy bien y finalmente llegó la noche de la presentación.
Invitados, prensa, el faranduleo habitual y comienza la música.
La cosa iba más o menos encarrilada hasta que la estrella
de la noche en cuestión, seguramente por nervios o por falta
de experiencia, en una tìpica canción de forma a,
a, b, a, al terminar el primer a, en lugar de seguir con el segundo
a, saltó a b... Después de la ráfaga de adrenalina
al percibir el lío, la mitad del grupo decidió seguir
como estaba escrito rogando que la cantante se de cuenta y arregle
el lío, pero la otra mitad decidió saltar a b con
la cantante... Ni qué decir que a los pocos compases era
un desbarajuste de proporciones, nadie sabía muy bien qué
hacer y ya se olía la catástrofe. Y en medio de ese
caos, se oye la voz de Lew diciendo: “Che, muchachos, no tendrían
que caer ya las mascarillas de oxígeno?”
|
|